8 de diciembre de 2010

Mi querida hernia...

Pues que me ha dado un arrechucho como hacía mucho que no me daba y no aguanto mucho tiempo sentada... bueno, ni de pie, ni tumbada, ni nada de nada... por eso no os leo, ni escribo nada... Además, que la medicación es bastante fuerte y ahora mismo soy una mezcla entre chiquito de la calzada y golúm, muy sexy la verdad.


Besitos a todos.

12 de noviembre de 2010

AHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!!

TERAPIA DE CHOQUE

Recomendado para mujeres, hombres, niños, niñas, trabajadores, parados/as, amas/os de casa, padres, madres, solteros/as casados/as, divorciados/as y hasta para el perro.



Y aunque una parezca una loca, lo relajada que te quedas.

5 de noviembre de 2010

Tintura de carencias

Quiero una nota en mi ventana, que me invite a retirar las cortinas y sonreír al caer de las hojas.
Un diván donde poder acostarme sin pensar en mantas de lana que calienten mis riñones. 
Un cristal desde el que se me pueda ver sin ser despreciada.
Un café que me invite a dormir.                  Una mano que me conduzca sin                  arrastrarme. 

Un beso de esos que antes me dabas. 
                                           Sentir sin sentirme olvidaba. 
                                                                    Una cama con alas para llevarme aún más lejos de mis sueños. 
Olvidar como se llora.
                                     Un libro sin letras para escribir mi propia historia. Dejar de escuchar para aprender a hablar. 
                                                               Un cigarro que me de la vida.                               Que mis ojos no hagan fotografías y así no recordar. 
Que los recuerdos sean algo más. 
Quiero que este agua que me envuelve se convierta en mí. 
                                           Que las notas musicales que salen de mi piel                             sean himno de mi ser. 
Que lo que quiero, lo necesites tu también


27 de octubre de 2010

Escucha

No lo tenía y por mucho que lo pedía, rogaba e imploraba, no se le escuchaba. Las palabras no son lo que significan, sino el significado que se le quiere dar y la mala memoria es la excusa, siempre, perfecta.

Decidió entonces comprarse un megáfono, a lo mejor, si lo decía más alto por lo menos lograría captar la atención. Lo encendió e hizo el típico sonido desagradable y gritó.

Nadie hacía siquiera el ademán de girar la cabeza. Incluso, a los pocos que lograba captar su atención se apartaban de él, sorprendidos, asustados. Gritaba cada vez más fuerte, como si eso ayudase a sus palabras a navegar por el océano del aire sin tempestades, resoplando y balbuceando con voz entrecortada.

Se subió en un banco de aquel parque repleto de gente con sus problemas, pero sin preocupaciones más allá de las suyas propias. Gritó, habló y susurró. Rió, lloró y se amedrentó. Se abrazó y se aplaudió. Encolerizó y se tranquilizó. No hay peor mordaza que la que no se ve pero impide ser, como la soledad en medio de una piscina de agua templada donde no tienes a quién hacerle el amor.

Como sombras, la gente avanzaba sin rumbo fijo, dirigiéndose como lo hacen los peces al caer en la red del pescador en línea recta, en vez de retroceder y escapar, tenían claro que ya eran presas.

Lo dejó estar.

Su mano cayó por el peso de aquel megáfono empujado por su propia desesperación y es que ser el único que oye en el mundo de los sordos hace desear ser ciego.

22 de octubre de 2010

Outlet

El mundo se le quedó grande. Antes lo llevaba de chaqueta, incluso varias tallas más pequeña. Ahora parecía un payaso sin circo.

Todo en lo que creía, sabía, siempre fue un sueño bordado. Los botones las conjeturas de las razones que se imponía a sí mismo, que a veces abrochaba a los ojales de la desesperación según apretaba el frío. La solapa el orgullo que llevaba por bandera de un país sin rey y en los bolsillos, guardaba algodón de azúcar por si algo se le hacía amargo.

Pero el roce hace el cariño, y aquella chaqueta no era sólo un trozo de tela con bordados, botones, ojales y bolsillos, era lo que un día fue. Quizás, algún día lo fuese otra vez. O no.

Con delicadeza se la quitó y la guardo en el armario de los recuerdos. 

Tenía que ir de compras.



18 de octubre de 2010

Deshaciendo juntos

Él prometió y ella se dejó engañar. Él la tomaba mientras ella se abandonaba al deseo. Un par de copas en el viejo bar de la esquina fueron cómplices del engaño.

No dejaron terminar de abrir la puerta y sus cuerpos ya prácticamente desnudos  se entrelazaban y confundían uno con el otro. El apresurado roce de sus lenguas expresaban el desinterés de ambos por el prólogo y el la tiró en la cama completamente descubierta ante él, abierta a todas las sorpresas que pudiesen inundarla por dentro.

Se excitaban y culminaban el estruendo de sus cuerpos retorciéndose como el fuego lo hace al consumir la madera seca. Un relámpago de éxtasis aíslo el aura que emanaban y los olores se magnificaron creando un río blanco de  promesas por cumplir. Y ella se estremeció.

Se reía mientras le miraba y él se engrandecía. Acariciaba su blanca espalda mientras la hablaba  de cosas sin importancia para él, que representaban el mundo para ella. Él, la susurraba en sus delicados oídos palabras que creía nunca había escuchado, adulaba su cuerpo surcado por el tiempo mientras con esas mismas palabras exaltaba su miembro. Y ella no podía más que sonreír.

Él, saboreaba su triunfo como un Dios se recrea al jugar al ajedrez siendo blanco y negro. La hablaba y halagaba mientras en su mente sabía, había sido la jugada perfecta.  El magistral engaño dónde su pequeña mariposa cayó sin remedio sedienta de amor. Y ella no podía más que gemir.

Y la oscuridad se hizo con aquella habitación de olor a motel. Abrazados a la pasión que allí unos  instantes antes se respiró, él suspiro y cayó dormido, mientras ella le miraba sin dejar de sonreír. Con cuidado se levantó y se posó frente la ventana de la habitación. Tras aquella ventana sólo quedaba la noche.

El vaho en el cristal dibujaba pequeñas formas efímeras que revelaban el secreto de la noche pasada. Pequeñas gotas caían tímidas con estupor en sus mejillas por lo allí ocurrido.

Y dibujó con sus dedos formas imposibles mientras de reojo le contemplaba desnudo, incapaz de defenderse de sus vacías palabras aliñadas con esperanza. Lo miraba y no podía más que sonreír.

Se vistió. Sentándose al lado de él, con un pequeño beso en los labios le despertó. Él la miró  y con un guiño atenuado por un leve movimiento de su boca, en su mente se regocijaba por su hombría y eso, advertía a través de la fina sábana que le excitaba.

Jugó por un momento con su pelo mientras la desabrochaba la camisa. Ella, tranquila, relajada, sinriente le habló: esto serán sesenta euros más.

14 de octubre de 2010

Héroe de carbón

Llevaba dos meses hablando con el mismo trozo de carbón. Con la pequeña navaja que llevaba siempre en el bolsillo, había tallado algo parecido a una cara en el lado más suave de la negra piedra.

Cuando se despertaba por las mañanas (o lo que él pensaba que era la mañana, ya que se le había vetado por orden de la naturaleza disfrutar del sol),  lo primero que hacía era saludar al que en esos momentos era su mejor amigo. Con la afilada navaja, cambiaba el gesto que dominaba a la piedra. Según se despertaba, reflejaba su estado de ánimo en aquel trozo inerte ya que no disponía de espejo donde mirarse, aunque tampoco le hacía falta, ya que sus músculos cada vez más débiles denotaban en todo su ser el agotamiento físico y mental al que estaba expuesto.

Quería correr, huir, mirar más allá y ver algo más que aquel viejo candil oxidado por las inclemencias de un agujero húmedo sin vida. Había sido embargada su libertad sin previo aviso. ¿Hasta cuándo?  ¿Hasta que Dios quisiera? ¿Hasta cuándo? Solo en esos momentos se acordaba de un Dios que sin rostro, se le venía a la mente unas veces para maldecirlo y otras para implorarle. Siempre se necesita algo a lo que asirse, aunque fuese un sustento efímero y frágil perdido de razón. Que mejor que algo en lo que no se cree para volcar en ello tus frustraciones, esperanzas y miedos, así, siempre se le echaría la culpa a alguien con quién jamás se podría discutir.

Daba vueltas en sus manos encallecidas a su nuevo mejor  amigo. Cada vez que lo volteaba, los cantos se le clavaban recordándole que aún seguía vivo. Cuando algo duele recordamos nuestra existencia, cuando algo nos alegra, nos preocupamos por vivir.

Tenía tiempo, ahora sí que disponía de el, aunque maldijera una y mil veces haber deseado tener tiempo sólo para él.  A veces los deseos de hacen realidad de la manera más irrealista y aunque en tu día a día juegas con esa posibilidad, nunca crees que te pueda suceder a ti, hasta que sucede.

Echaba de menos cosas simples e insípidas a las que nunca había dado importancia hasta el día de su confinamiento. Una hoja caer de un árbol, el viento que tanto le molestaba en la cara, los gritos insoportables de sus hijos, la mirada de su mujer, no poder llegar a final de mes. Todas esas cosas que le hacían ser él, antes sin importancia, ahora las necesitaba como el beber. Cómo necesitaba un buen vaso de agua.

Ya no le quedaban lágrimas, no por ganas, sino por desdén. Las lágrimas en ese momento, sólo servían para acelerar su estado de desnutrición, eran demasiado valiosas como para malgastarlas. Prefería sonreír, aunque no tuviese motivos. Sería que estaba llegando a un estado emocional atípico, no porque todo le diese igual, sino porque no tenía que disimular. Era lo único bueno de su entierro. O sería que algo bueno debía buscar antes que dejar a la locura se apresase de él.

En aquel agujero las cosas se podían confundir fácilmente. Una pequeña sombra podía parecer la silueta de su mujer, la luz del candil una pequeña vía de escapatoria, las rocas hundiéndose cada vez más el aliento de una salida, las voces en sus sueños pura realidad.

Sabía que llegaría. Llegaría el día en el que todo fuese una anécdota para contar.  Sabía que saldría de ahí tarde o temprano y que con el paso del tiempo, su historia llegaría a ser leyenda. Y llegó. Sin saber cómo ni porque, llegó. Su libertad por fin regresó junto a él y la esperanza que en muy pocas ocasiones rechazó le abrazó y formó parte de él. Volvería a ver caer las hojas de los árboles, volvería a enfadarse cada vez que el viento azotase su rostro, volvería a oír los gritos insoportables de sus hijos, volvería a ver la mirada de su mujer, volvería a no poder llegar a fin de mes. La leyenda de su historia cabalgaría a lomo de su dragón color gris metalizado impulsado por la mano del hombre.

Mientras subía a lo que creía el cielo, pues había estado preso en lo más adentro del infierno, oprimía a su negro amigo cómo si aquel oscuro agujero por que el ascendía fuese en realidad el retorno al abismo, no podía creerlo. Lo apretaba tanto que no se daba cuenta de que lo estaba haciendo añicos. Al llegar por fin a su cielo y necesitar esa mano para soltar las riendas de su dragón como los héroes antaño , se dio cuenta de que su infatigable amigo, ese que rió y lloró con él, decidió quedarse en aquel pozo por si algún día alguien se perdía y así poder rescatarle como hizo con él. Y no pudo más que reír y no pudo más que llorar y no pudo más que estallar de felicidad.

El polvo en el que se había convertido su gran amigo, con los años como las leyendas, lo habría convertido en piedra.

1 de octubre de 2010

Lobo sin alma

No me mientas, no me hagas creer tu realidad absurda cuando estás hablando con la veracidad encarnada. No hagas teatro delante de mí, ensaya solo para los demás, que yo ya me se tu papel de pobre desgraciado de la vida.

No me digas que no tienes tiempo, cuándo lo estás malgastando en ti y no en él, que es quién lo necesita. El ciclo lunar tiene una sola luna llena y tú aúllas sin cesar, aya luz u oscuridad.

  
Las lágrimas que se despedían de tus ojos,
Caían en mi alma,
Haciéndome culpable,
Sentimiento inexorable.

Me pedías compresión,
Más tiempo sin razón,
Recomponer lo perdido,
Como un lobo herido.

Suplicabas clemencia,
Ante el juicio previsto,
Nada se dejó al azahar,
Tus crímenes ya habían sido escritos.

Un volveré,
Con un jamás,
Sé que regresaré,
Yo no te permitiré entrar.

Maldita mujer me llegaste a llamar,
Sin razones ni porqués,
Las palabras se quedan vacías,
Cuando en tu boca suenan palabras tardías..

Mala madre me insinuaste,
Alejando a un hijo de su padre,
Treinta y seis lunas has ayudado,
Y ninguna ha sido a su lado.

El gen comparto,
de insinuaciones febriles,
De mi vientre salió,
Y de mi alma amamantó.

Aún espera,
El hijo del que al padre alejaron,
Que este se dé cuenta,
Que es él quién se aleja.

Historia mal contada del lobo sin alma,
Que aúlla incluso sin luna,
Llorando a desconocidos,
Aquello  que quiere oír su hijo.

No me culpes de tus errores,
No me hagas ciega si eres tú quién no ve,
No me cuentes ficciones,
De un cuento que ya me se.

Las lágrimas que se despedían de tus ojos,
Caían en mi alma,
Haciéndome culpable,
Sentimiento inexorable.


30 de septiembre de 2010

Confesión

Siempre me he preguntado si las cosas están ahí por estar, o para deleite de la gente. 


Pasamos por delante de tantas cosas ya cotidianas que no les prestamos la suficiente atención. Incluso las cosas nuevas, ya nos parecen habituales.

No nos detenemos. Vamos hacia delante sin saber dónde ni porqué, es lo que toca. Nos levantamos por la mañana con el día ya hecho, asumimos, seguimos, hacemos sin pensar.

Dicen que las mujeres somos idealistas, que suspiramos por un simple pétalo, que nos ahogamos en un mar de lágrimas por cosas sin importancia… que no hay quién nos entienda.

¿Quién entiende lo que no quiere entender? Vivimos en un mundo de estereotipos.

Yo no puedo hablar por los demás, de hecho, si lo hiciese, caería en el mayor de los pecados que hay en este mundo: pensar que mi pensamiento es único y mi verdad es la única que vale. Pero eso no significa que lo que piense o sienta sea menos importante, porque lo que cada uno siente por dentro es lo que le guía en esta vida.

Llevaba mucho tiempo sin escribir y siendo sincera, es que no tenía ganas. Tampoco sé si lo volveré a hacer como antes, porque ese gusanillo que tenía dentro de mi manzana creo que se me escapó con uno de esos suspiros ilógicos hacía los demás, pero parte de mi propio aliento.

En estos meses he descubierto que para poder seguir he de aceptar. A veces la lucha no sirve de nada, excepto para crear heridas sobre heridas que nunca curarán. Hay que acceder a treguas para poder beber, porque con sed se ven oasis dónde no los hay ni habrá jamás.

Me gusta escribir porque en ese momento, es el único en el que me siento libre de verdad. ¿Será ficción o realidad? Quién me puede asegurar que los sueños no son mi verdadero escenario y cuando abro los ojos divago por un mundo irreal.

A pesar de, por circunstancias de la vida, haber sido siempre más madura de lo que me correspondía, no sé si por esas faltas que he podido llegar a tener, siempre he notado que me faltaba algo, que nada me llenaba del todo. Me vuelco excesivamente en los demás, esperando quizás, aquello que a mí me sale dar. He comprendido que, aunque siga teniendo esa frustrante necesidad, yo soy yo y los demás, los demás. He aceptado.

He aceptado, asumido, me he obligado a confesarme a mí misma. He intentado cambiar y creo que en parte lo he conseguido y eso, también ha hecho que los demás me vean diferente.

Nunca me ha gustado escribir tan directamente sobre mí. Me desnudo sin complejos y eso implica que me puedan dar un buen tomatazo subida en el escenario ante la mirada crítica de todo el mundo, pero creo que lo bueno de la vergüenza es que es como el viento, igual que aparece sin permiso, se despide sin decir adiós.

25 de septiembre de 2010

A las buenas a todos.

Hace muy mucho que no escribo por varias razones, más o menos importantes… ciertamente tampoco me apetecía mucho. Pero los últimos días me ha ido entrando el gusanillo. Me apetece mucho hablar de la mujer.

En los últimos meses he hecho una especie de expiación hacía mi misma y mis circunstancias, teniendo en cuenta los factores externos inamovibles, los heredados y los que me quieren encasquetar. Vamos… en cierta manera digamos que sigo como al principio, es decir, con los mismos problemas, pocas soluciones pero muchas ganas.

En mi pequeño espacio Zen, aparte de poner mucho incienso para ocultar los malos olores que llegan desde fuera, he implantado algo de Feng Shui adornando mi alma, mente y corazón con un gran espejo enfrentado a la ventana, para que el sol me alumbre el doble. He puesto la cama frente a la puerta para verlas venir y me he deshecho de todo aquello que lo único que hacía era recargar y quitarme espacio vital.

No sé si como siempre voy por delante de los demás (relación edad, mente) y lo que me pasa es que se me ha adelantado la crisis de los cuarenta ocho años, pero vamos, que me he quedado muy agustito que es lo que cuenta.

Gracias a todos los que os habéis preocupado por mí y me habéis hecho llegar palabras que siempre llenan. Muchos besos.

14 de abril de 2010

Política de a pié

Con los últimos escándalos políticos, religiosos, judiciales y la crisis que llevamos a la espaldas últimamente no es que este asustada, digamos que me quedo en acojonada.

Todos, absolutamente todos lo están haciendo mal pero lo que más repatea es que nadie está siendo ecuánime en sus opiniones porque el pensamiento se está quedando en lo que los otros hacen mal sin pararse a mirar que ellos también la están cagando. Parece que con criticar a espuertas se quita la atención de las meteduras de pata propias. Y es que para hacer las cosas lo mejor posible primero hay que analizarse a uno mismo antes de señalar a nadie.

Mi abuelo siempre decía que la política es la “polimentación de la crítica”. Polimentación no es una palabra que exista en el diccionario, pero vamos, creo que con lo de crítica se explica. Y en eso nos hemos quedado, en criticar, criticar y criticar pero no hacer absolutamente nada.

Yo soy una ciudadana del montón, y por lo tanto la política de la que sé es la de “a pié”, es decir, la que me afecta directamente y de la que me informo leyendo todo lo que puedo en diferentes medios para intentar hacerme una idea lo más real posible.  Soy apolítica completamente, no creo en derechas, izquierdas ni centros porque de todos hay cosas que comparto y otras que no. ¿Eso como me define?  Creo que nadie está en el poder  absoluto de la verdad.

Si me refiero a la derecha (a grandes rasgos) diré para “polimentalizar la crítica” que el caso Gürtel es una auténtica vergüenza, eso es incuestionable y espero que caigan en la cárcel todos aquellos que allí deben estar, como sucedió con el caso FILESA (del que parece todos nos hemos olvidado). Que Rajoi como líder del PP me parece un político de segunda sin personalidad y que la política social de este partido es una auténtica bazofia. Pero también diré que económicamente siempre han estado muy por encima de la izquierda y que han sabido ser mejores embajadores a pesar de hablar muchas veces sin pensar.

Si hablo de la izquierda diré que no saben afrontar la crisis económica actual. Se les queda muy grande y seguramente a la derecha le pasaría igual si fuesen los que estuviesen en el poder, pero no es el caso, está la izquierda, por lo tanto el marrón es de ellos y deben solucionarlo ellos.  Que ZP me parece  otro político de segunda sin personalidad y que su política económica no vale para nada. Pero también diré que tienen una política social muy buena, aunque con lo de prohibir los cuentos tipo cenicienta se están pasando tres pueblos.

Lo que no se puede hacer (y hablo tanto de izquierdas como de derechas) es defender lo indefendible. Que a mí personalmente lo que me interesa es una política limpia en todos sus aspectos. Una política sana que ayude a mi país tanto económica como socialmente.

Lo que no entiendo es que por ser de derechas uno no pueda ser ateo, homosexual  o republicano. Lo que no entiendo es que por ser de izquierdas uno no pueda ser empresario, católico o monárquico.  Lo que no entiendo es que por ser de derechas automáticamente ya eres franquista, homófobo o taurino. Lo que no entiendo es que por ser de izquierdas  se sea un intransigente, fanático o corrupto.  Si esto realmente tuviese que ser así nos estaríamos embalsamando en los estereotipos de los que todos tantos huimos. Ya somos mayorcitos como para jugar al “quién es quién” y lo que hay que hacer es llamar a las cosas por su nombre, que ya está bien.

Se supone que vivimos en una democracia y digo se supone porque la democracia cada vez la veo más plasmada en papel y menos respirándose en el aire. Que lo que hay que hacer en sentarnos y pensar que no tenemos la única verdad en nuestras manos y la mejor manera de solucionar los problemas no es atacándose sino llegando a un acuerdo en el que los ideales políticos se han quedado obsoletos a la realidad.

No todo es blanco o negro y aunque el gris muchas veces avecina tormenta no hay nada que limpie más que el agua.

6 de abril de 2010

Te espero aquí arriba

Seguramente me mates cuando leas esto, pero ciertamente me da igual, es lo que tiene la amistad de verdad. Si lo que escribo aquí no lo hago de una manera más confidencial es por dos razones; la primera porque lo que te digo a continuación te lo he dicho mil veces ya y si hace falta te lo volveré a repetir hasta la saciedad. La segunda porque creo que tu situación por desgracia no es la única y tal vez o quizás mis grandes amigos blogueriles puedan decir algo que a mí no se me haya ocurrido y sea esa lucecita que te ayude a seguir por fin tu camino.

"Hay situaciones en las que aunque tengas las cosas claras en tu mente, tu corazón y miedos no te dejan reaccionar.  Te despedazan por dentro mientras que tu ayudas a sacar tus entresijos a esas personas devolviéndolas a cambio una sonrisa de buzón que no denota otra cosa más que te estás muriendo por dentro. Ay mi niña, que nos conocemos.
Vas dejando pasar el tiempo sin darte cuenta, como si el día que viene fueses a recuperar lo perdido acudiendo a la zona de objetos perdidos y eso si que es fantasear. La madurez se nos suelda sin permiso  a los dieciocho años de edad, como si de un día para otro nuestra conciencia y conocimientos hubiesen estado trabajando a destajo esa misma noche para inculcarnos por obligación lo que ni con cuarenta años se sabe, aprendiendo incluso nuestro último día de vida lo que es la muerte.
Te miras al espejo y ves un reflejo de los años pasados, sintiéndote la misma persona por dentro aunque esos años sólo se noten por fuera. La vida enseña con regla de madera atizando en los dedos.
Los sueños juveniles, los anhelos quizás imposibles se esfuman de la mente madura como se pierde el primer juguete… sin saber dónde, cómo ni cuándo, sin recordar si quiera su color. Las responsabilidades nos zarandean cada vez que un resquicio de ilusión se deja ver a través de nuestra masa encefálica  haciéndonos sonreír a escondidas, como si fuese el peor de los pecados aquello que estamos pensando. ¿Pero donde dejas la responsabilidad hacia ti?
También eres tu propia responsable, tu adulta que te cuida y respeta, tu propia tutora que debe velar por tú bienestar. Déjame que te diga que hace tiempo dejaste esa gran responsabilidad.
Somos burdos y cobardes. ¿Adultos? Intolerantes hacia nuestra propia felicidad por el miedo a arriesgar. Excusas siempre las encontrarás, y muerta en vida no hay seguro que corra con ello. Siempre digo lo mismo, arrepiéntete de lo que hiciste no de lo que pudiste haber hecho. Jamás te quedes con la duda de que podría haber pasado, descúbrelo.
Actúa como adulta permitiéndote soñar y perseguir tu necesidad de ti, conseguir lo que estás dejando escapar al tiempo. Cierra tu mano o ábrela según lo que necesites, créeme aún estás a tiempo.  Ser madura no resta  libertad. La libertad la echamos nosotros mismos de nuestras vidas según crecemos. Eres libre de elegir, tienes libre decisión, pronúnciate de una vez y escúchate a ti misma mi querida amiga. No soporto verte así.
El amor no es algo que se pueda obligar a quedarse ni se puede vivir de un lo que fue ni lo que podría ser. Es algo que se gasta incluso de no usarlo. 
Pero hagas lo que hagas, decidas lo que decidas, aunque sepa que no eres feliz por tu propia decisión, seguiré aquí, allí y allá donde sea que haga falta, siempre me encontrarás porque nunca me marcharé. Porque te quiero muchísimo y aunque peque de prepotente sé que tú a mi también y por ello me tomo la libertad de decirte que la cobardía solo sirve para sepultar nuestras esperanzas. No dejes que caiga más arena encima, esto no es como un reloj de arena que dándole la vuelta comienzas desde el principio. A veces un final es el comienzo, tienes mi mano esperándote en el último peldaño apoyándome con todas mis fuerzas en tu primer escalón si eso es lo que necesitas".

5 de abril de 2010

Tu y mi

Paseas por mis entrañas y me encanta. El dolor que siento cuando juegas con ellas entre tus dedos me dobla y extrema mi esperanza.

La vida me juega malas pasadas. Puentes que se abren en medio de la nada, a mitad de mi camino, se zarandean sin aviso y me hacen caer al agua. Me lleva, me limpia y hasta agrada la fría agua de tu azul mirada.

Tus manos en mi nuca jugando con mi pelo, negro, enmarañado por la almohada, sueltos a los sueños que las sábanas no guardan… esos que se escapan cada mañana.

Me corrompes con tus palabras y silencios, drogadicta de tu esencia, ese olor tan personal que a mi nariz nunca se escapa.  Hueles y te huelo, embriagada de tu ser, un momento de espera me parece eterno.

Será pasajero o tal vez se quede inmortal a mis movimientos. Se quedará porque mis manos se han acostumbrado a tenerte, poseerte y perderte cada vez que el sol alumbra mi portal.

Efímera e imperecedera intimidad, predilección por las lágrimas al verte llegar de mi corazón silencioso a gritos te ha de llamar.

Vienes y vas, como las olas del mar rompen contra la arena, llevándose en cada balanceo un poco de esa presencia para años, siglos después, devolverla más pulida, más brillante con más ganas de jugar debajo de su piel.

Desnuda al tiempo, despojada ante ti, sueño con que tus dedos sigan jugando sobre mí. 

25 de marzo de 2010

Espero


Imagen de Esther (Vaalen). 

En el ataúd de tu cordura las visiones se hacen más relevantes. La tierra de mi puño cae en el pino macizo de la madre naturaleza. El clavel es solo un símbolo de color respetuoso al rencor.

Partes y olvidas, reencuentro y abrazo. El camino de tu vida es la carretera de mi sonrisa. El asfalto y las nubes se cruzan, enlazados el estupor de su alrededor dejan volar mis sueños.

El sol de media mañana indica que esta tarde habrá tormenta. Sin frío no se echaría de menos el calor. Sin tu humedad no necesitaría el sol.

Me quieres tú, te quiero yo. ¿Qué nos queda?

Adiós.

Te espero donde siempre. En el rincón de mis llaves olvidadas.

Hola.

No me fui realmente. Siempre estuve aquí. Esperando lo que llegará según las estrellas que se dejan ver tras mi peculiar tormenta. No hay más.

Hasta luego.

Quizás nos veamos un lunes o miércoles, dependerá de nuestro reloj. Dependerá de que nuestras carreteras encuentren un nuevo cruce sin paso para peatones. Dependerá de que me atreva a alzar la vista y tal vez así, te vea.

16 de marzo de 2010

Pureza

Se levantó y miro al cielo. Su sed era cómo un huracán que la atrapaba por dentro. Las cadenas de la codicia la clavaban al suelo desierto de anhelos.

Su voz, sin palabras ni sonidos, imploraban unas pequeñas lágrimas para que así su sed le dejase por lo menos descansar.  Se la olvidó llorar por los demás. Las lágrimas legítimas ya no tenían valor.

La penumbra de la avaricia caía por sus brazos doblegados al cansancio del peso de la intolerancia. Sus piernas arrodilladas musitaban plegarias legibles solo, tan solo a sus articulaciones.  Sus hombros soportaban el peso de sus propios hechos sin razón común. Sus manos hastiadas por el dolor de la mentira buscaban la verdad.  Su garganta preocupada en el pasado en alimentar se olvidó de beber para en el futuro poder florecer.

Mirando a algo sin nada, imploraba que se apagara su sed.  Invocaba sin jamás antes haber hechizado ninguna situación una solución a sus lamentos, pues el estiércol de su propia codicia comenzaba a impedirle cualquier tipo de movimiento.

Pensamientos y sentimientos conjugaban una solución. Sentimientos vendidos a la envidia, guerras, religiones y estupor. Pensamientos dirigidos como marioneta en manos de un mal actor.  

Y su voz en silencio se escuchó.

En el cielo, por encima de esa gran multitud de pensamientos y sentimientos una gran masa apareció.  Y su voz sordina desapareció.

Una áspera  masa que rugía. De un color blanco impoluto pasó a un color añil desencadenando en una patina negra. Rugía con fuerza,  su voz si se oía, trasformando la oscuridad de su majestuosidad en luz por momentos. Lloró.

Sus lágrimas caían sin control ni destino. Caían encima de ella lavándola la mugre que la recorría.  Lloraba desde su reino el cielo no por saciar su sed. Lloraba entre sus maldiciones y latigazos al suelo desierto de anhelos sin ningún consuelo. Y sus lágrimas se convirtieron en riadas que arrastraban su estiércol, envidia, odios y miedos. Y en aquel intento se llevaba lejos lo conseguido con esas amarguras, purgando todo lo bien o mal hecho. Todo, todo lo arrastró sin consideración.

Comenzó a amainar. Las lágrimas también se han de gastar, aunque sea fácil volver a atesorar. Y aquella masa blanca, añil y negra como el silencio se calmó.  Y desde su reino, ahí en el cielo advirtió;  no me pidas más llorar porque a ti se te haya olvidado Querida Humanidad, pues cada vez que vuelva y en tormenta o huracán me convierta no sólo me llevare tus miserias. Arrasaré con tus porquerías acumuladas por ti misma, destruiré todo lo que haya a mi paso porque mis lágrimas son el cúmulo de todo el mal que tú prodigas y cómo sentimientos ahogados en mis mejillas volveré cada vez que las emociones enterradas por tu codicia no quepan en mí ser. Y ten en cuenta la diferencia Quería Humanidad de tus lágrimas a las mías. Las mías son dulces impregnadas de verdad y las tuyas saladas bañadas por el dolor de tus actos sin compasión. No es advertencia sino realidad.

Y desde entonces, cada  vez que sus lágrimas barren la porquería por la humanidad creada, esta se para a pensar por un momento olvidándosele tan pronto sus pensamientos, que las nubes cargadas de lágrimas de lamentos esperan el próximo reencuentro, sabiendo que sus viajes, serán por siempre eternos.







9 de marzo de 2010

Marinero del desierto.

                                                                                 

Dejó de alumbrar el faro
al viejo marinero
afanado en sus labores
se las llevo el tiempo.

Anclas que arrastran corales,
barcos perdidos a lo lejos,
el destello quedó sin aliento,
los fantasmas del pasado han vuelto.

El mástil le quita visión,
de lo que fue y se fueron,
anclado en sus recuerdos,
no olvida aquellos destellos.

Marinero del viejo mundo,
alza la vista en paz,
el faro no dejó de alumbrar,
tus ojos te han vuelto a engañar.

Tus manos encalladas,
 la vieron zarpar,
aquel día naufragabas,
en la proa de tus nudos de marinero.

 No pidas destellos,
aquellos como en los viejos tiempos,
la vela de tu vida,
ya no la recorre el viento.

Viejo marinero,
de tempestades en el desierto,
olvida tus lamentos,
ya es hora de pasear por el cielo.

8 de marzo de 2010

Llamada de Jazztel.

Llamada real hace apenas 10 mim:



-Hola, está el Sr. Benito.
-No, ahora mismo no está, de parte de quién?
-Llamo de Jazztel, es que queríamos beneficiárnoslo por 26.95 euros al mes, con llamadas y ADSL incluidos.
-No gracias, ya me lo beneficio yo gratis.

--------mutis por el foro---------

19 de febrero de 2010

La moda actual

Voy a estar una temporadilla algo ausente, así que imagino que no publicaré lo que quisiera, y lo que más me fastidia es que no os podré visitar con la asiduidad que me gustaría. Así que aquí os dejo una cosa que he recibido por correo, que oye, me ha gustado fíjate tú y como soy así de expendida, pues voy y lo comparto.



Como aclaración diré, que yo si sigo necesitando sexo del placentero, porque el que me dan los gobernantes tan solo jode y el que entienda un poco de sexo sabrá que con joder no es suficiente. Pero vamos, que me ha gustado la camiseta y creo que hasta me voy a hacer una.

Para que decir más.


10 de febrero de 2010

Pienso que piensas demasiado...


Quiero una mente dispersa, de esas que no saben pensar o que por lo menos saben cuando dejar de hacerlo.

De esas, que no necesitan tiempo ni intenciones para olvidarse de ciertas cosas porque con lo que están haciendo en ese momento tienen suficiente para desvanecerse sus millones de pensamientos.

Un cerebrito capaz de distinguir lo importante de lo menos importante y  si aún se puede pedir más, de esas que mirando un botón tiene suficiente como para dejar de pensar.

Deseo un cerebro con todas sus constantes vitales, sin llegar a ser estúpido, aunque si un poco tonto.  Perfectamente particionado en fracciones para poder dejar encerradas ciertas cosas mientras hago otras,  una o ninguna.

Me apetece saber qué es eso de lo que habla tanta gente de no pensar de más.  Poder dejar ahí aparcadas ciertas cosas y seguir con la vida sin más. Tener la cabeza a flote y si soy capaz, nadar tranquilamente por las aguas de mi mente sin tener que prestar atención a la siguiente catarata puesta con mala intención.

Una mente capaz de dormir a pesar de lo demás.  Que las “ZZzzzzzz” salgan en forma de bocadillo de comic en la oscuridad de mi habitación, mientras la noche me acuna porque todo me da igual y solo necesito descansar, dormir y callar.

Ansío el talento de poder olvidar por momentos, según la circunstancia y el lugar. Que mi emoción no pueda conmigo y ser capaz de despedirla sin carta de preaviso si así lo requiere la situación.

Ser capaz y capataz de mi visceralidad. La jefa de mis adentros. Con razón o sin razones que mis sentimientos estén abrigados por el sustento de unas piezas mecánicas que pueda parar si así lo requiero.  Botón de “on” y “off”. Seguramente el de “off” al poco estaría desgastado y no por el tiempo.

Necesito por el bien de mi locura particular, esa que tanto dicen me hace diferenciar de los demás, unas vacaciones  cerebrales antes de que el cerebro que poseo deje de funcionar, porque no creo que nadie me ceda el suyo y los que encuentro en los chinos (que son los únicos a los que puedo optar) no me dan mucha confianza la verdad.

Bueno, me voy a pensar a otra parte.

8 de febrero de 2010

Sueños



La noche me convence,
de despertar a tus miedos
inconscientes y aventureros,
así, son mis sueños.

No deseo la madrugada,
encerrada en deseos,
viven en la oscuridad,
de mis anhelos.

Y al cerrar los ojos
todo se hace perfecto,
es el silencio,
quién me da alimento.

Soñar, no hay más,
ni menos, en mi cerebro,
apreciar la oscuridad,
de todos, todos mis sueños.



2 de febrero de 2010

Mi locura


 *Fotografía (sin retoques) de Esther García Pérez  - Amiga y fotógrafa.


Se desmayan mis ideas,
locas e inconscientes,
por imaginar un mundo real
de esos, que jamás existirán.

La luna se torna sol bajo mi rincón,
en la oscuridad del silencio,
oigo mi respirar,
ansioso por verte volar.

Y si me ves desfallecer,
persiguiendo un quizás,
no me intentes convencer y mirar hacia la realidad,
de momento, déjame con mi ingenuidad.

Ventanas de papel,
esconden mi tez,
del frío viento,
que me amenaza con su aliento.

Pero sonreiré,
aunque sea risa falsa,
porque más puede mi ironía,
que tus falsas esperanzas.

Más puede mi deseo,
que tus falacias,
más arde mi corazón,
para quemar hasta tu último desazón.

Menos perderé en el tiempo,
si de vez en cuando me ahogo en mis lamentos,
menos ahorraré en besos,
de esos, que dibujan el firmamento.

Dicen que los locos, locos son,
pues están amordazados por los que se dicen cuerdos,
asustados por sus mundos inhóspitos,
ellos si que se abrazan a sus lloriqueos.

Dejadme con mi locura,
de mis sentimientos inexplicables,
dejarme a solas con ese viento,
que pasea por mi, aquí, muy dentro.




*Gracias infinitas a Esther García Pérez por prestarme la imagen que encabeza esta poesía. Fotógrafa y como veis, gran artista.