Si no te recuerdo será porque nunca te he tenido, pero si te echo de menos, será porque te he vivido.
Ventanas que se cierran porque nunca estuvieron abiertas, recuerdos olvidados, porque nunca existieron.
Necesidad de tenerlos por cómo se los llevaron antes de saborearlos, ya sabía cómo no atragantarlos.
Vientos de brisa acaricia mis mejillas, sonrisa efímera que me devuelve la vida.
Amanece tras otra noche de inmersa alegría, escondida tu desdicha, en la almohada de la mañana.
Dedos con palabras que esconden tus ojos, soñadores e ilegibles, tras todos mis rincones.
Melodía al medio día, que tras la noche, la mañana… dará paso a la tarde, para esconderme de nuevo en tu buhardilla.
Y muevo mis manos bajo miradas indiscretas de los cuerdos, felices a los locos por no pertenecer a otros.
Y bailo bajo tu melodía en la noche, la mañana y al medio día… que al atardecer, dará paso a otra noche sumida en el placer.
Violines en mi cabeza, tambor es mi corazón, arpa entre mis manos, la canción de mi perdición.
Sinfonía al honor de una bendición, sumida con delicadeza, bailo abrazada a mi cabeza.
Acordes ataviados con sonetos me elevan hasta el cielo, mientras bailo desnuda bajo tu mirada y mi locura.
Desnudos también mis sentimientos, se alejan de mi razonamiento, bailando alocada enseño todo lo que llevo dentro.
En mis giros sin compas la danza se vuelve más mortal, a corde con mi alma, esta melodía ya la hice mía.
Me relajo para luego excitarme más, danzando mi movimiento de esta canción sin palabras, sonoras a las miradas.
Sucumbo a las notas de esta mi perdición, eléctrica mi canción, ahora solo bailo yo.
Y bailo, giro y canto en silencio sumida a mi posesión, bailarina sin tradición, moviéndome con los espasmos de mi corazón.
Que no acabe está canción, estrofa que me trasporta al mundo del que debí salir yo.
Instrumental mi perdición, agitación de caderas que me eleva mientras brinco como si me poseyera un animal digno de mención.
Despojada del frío la armonía me subleva, composición voraz, sola tú me sabes calmar.
Hambrienta estaba y ahora tengo sed, tus guitarras me calmaron la necesidad, ahora me exasperan las ganas de más.
Tras la noche, la mañana y al medio día… mi melodía… que dejará ver la tarde, para esconderme de nuevo en tu armonía, esperando un nuevo día.