15 de septiembre de 2009

La azotea de la vida

Subía de nuevo a la azotea a tender la ropa. Cada vez el cesto la pesaba más.

La gustaba subir a tender. La encantaba el aroma que desprendía la ropa limpia y húmeda.

Siempre empezaba con las prendas más grandes. Revolvía la ropa del cesto humedeciéndose las manos mientras buscaba la prenda premiada. Según la sacudía pequeñas gotas de esa fragancia anidaban en su cara dibujando una gran sonrisa en su cara.

En la cuerda de atrás colgaba las sábanas con tal cuidado que parecía que estuviesen cosidas con hilos de seda. Se afanaba en no dejar ninguna arruga, así la sería más fácil plancharla después.

Las doblaba por la mitad zarandeándolas al ritmo que tatareaba una canción “Oh no not I,
I will survive…”. Con gran precisión cuadraba la parte de abajo para que diese la impresión de que aquellas sábanas habían nacido en esa cuerda, impolutas al tiempo. Que no dijeran las vecinas que no era pulcra y comedida.

Mientras tendía miraba por la azotea la ciudad. Edificios dispares se alzaban ante sus maravillados ojos que a pesar de ver el mismo espectáculo durante casi veinte años la seguían fascinando como el primer día. El ruido de cláxones y gentío apenas se oían a esa altura.

La mañana estaba revuelta. Tal vez debió tender dentro de casa pensó… pero entonces no habría tenido su momento de tranquilidad sin ruido en la televisión o sus hijos llamándola sin cesar para cualquier tontería. Que pesado y sacrificado es llevar una casa.

El viento soplaba más fuerte y lanzaba su pelo enmarañado sobre su cara. Su bata azul del rastrillo roída por cientos de lavados se alzaba rebelde sobre sus piernas rosadas y el frio se la metía por las zapatillas de estar por casa.

Se alejó de las cuerdas y observó su gran obra. Cinco cuerdas tendidas con la mayor de las precisiones, todo por tamaños y colores hacían un arco iris improvisado en la azotea del edificio más insignificante de la ciudad.

Como la gustaba aquella azotea repleta de tendederos con vidas propias y ajenas que la desvelaban la vida de sus vecinos “estaba claro que la vecina del quinto ya no pasaba sola las noches con esa ropa interior que ahora gastaba y desde luego el chaval del tercero tiene que tener a su madre frita con el dichoso futbol… pero de lo que sí que me alegro es que la pareja del séptimo por fin hayan logrado tener un niño… y que pena el abuelo del octavo que ya no está su mujer con él… no sé qué dirán de mí… seguramente pobre mujer con cinco hijos…”.

Antes de bajar al estruendo de su realidad se asomó por última vez. Dedicó una de sus mejores sonrisas a la nada mientras con sus manos se apartaba el pelo de la cara y gritaba “¡qué feliz soy siendo la reina de mi propio reino!”.

19 comentarios:

Fer dijo...

Siempre que pienso en un tendedero de una azotea, se me viene a la mente la que tenemos en casa de mi abuela en la playa. Por allí a menudo están tendiendo la ropa las avispas, y las cuerdas están bastante menos pulcras que las de tu relato...
ahora tendré otro tendedero en el que pensar cuando alguien me hable por casualidad de ellos.

Besos tendidos.

Anna dijo...

Cuando yo pienso en uno también me acuerdo de el de mi abuela... cuando era una niña y subía con ella... hoy alguien me hizo recordarla una vez más.... como la echo de menos...

Besos.

Francisco Galván dijo...

El tendedero como nirvana particular. Está muy bien. Además, aislado y cerca del cielo, como es de esperar. Parace que la azotea es otro mundo, o al menos permire una evasión que es imposible rodeada de la dura realidad en forma de cinco infantes.
es curioso, yo también tiendo primero la ropa más grande. pero soy menos cuidadoso

Anna dijo...

Paco... entonces ya somos tres :)

Besos.

Javiera dijo...

Al igual que los comentarios anteriores, a mi también un tendedero de una azotea me recuerda a mi abuela, la materna. Ella vivia en un departamento ya viejo en Concepción (sur de Chile). La azotea era grande y podia ver solo la punta de algunos edificios (habia uno en especial que me encantaba porque era de color rosado, y para una niña el color rosado es irresistible), y las copas de los arboles.
Siempre jugaba con la ropa tendida mojada.
Hay algo hipnotico y cautivador en ver la ropa "volar" con el viento.

Saludos.

Annick dijo...

Al leer tu relato , me senti algo reflejada porque soy algo maniatica a la hora de tenter la ropa ;hasta pongo las pinzas del mismo color en cada prenda . Que cosas !
En las terrazas, se puede leer la vida de cada uno .
Muy bien reproducido en esta historia.

Besos desde Málaga.

Anna dijo...

Javiera... que tendrán las abuelas... es cierto lo de ver volar la ropa... a mi también me deja atontada... es muy relajante.

Besos.

Annick... yo tanto como lo de las pinzas no... pero si empiezo por la ropa más grande, luego más pequeña y por fin la ropa interior jajajaja

Besos.

Cris dijo...

La conozco!!!

Se llama Carolina, es amiga mía!!! Es la reina de su propio reino de 5 niños!!!

Besitoss!!!

Pd: Pus me gustaba más tu antigua foto de perfil...

Kir dijo...

Entonces, alzó las manos y gritó "¡Y, por fin, podré dominar el mundo!" y profirió una carcajada tan profunda y maléfica que los cielos se tornaron negros y todo ser vivo se estremeció al contemplar los hechos.

:D

¿Por qué todos tenéis abuelas con azoteas y tendéis primero la ropa grande?

marqus dijo...

Las azoteas son uno de los mejores inventos, lugares en los que recoger el viento que sirve de impulso y purifica y desde donde divisar todo lo lejano. Hay quien tiene azoteas y hay quien tiene faros.

Besos, mi chunga.

Pharpe dijo...

Totalmente de acuerdo lo mejor es ser el rey/reina de su propia casa y vivir su vida a su manera. Besos

Markos dijo...

Gracias, ahora tengo un icono para cada vez que suba a una azotea. O vea un paisaje de azoteas con tendales.

Y que disfrute de ese reino efímero de insignificantes edificios con azoteas, que se irán cubriendo de oscuros paneles solares, si no son devorados por enormes bloques modernos coronados por áticos de lujo.

Bsos

Belén dijo...

Todos somos reinas pues!

Besicos

Machukitas dijo...

Esta entrada me ha hecho recordar mucho aquellas noches en la terraza de la antigua casa de mis padres, que tenia el tendedero en la terraza y se veía todo el pueblo. Cuando me sentaba en la penumbra en verano y me dedicaba a mirar las luces del pueblo y a pensar en mi vida. Aquello me relajaba mucho....
Besos.

Alejandro Pardellas dijo...

Esta bien tener un pequeño rincón o lugar donde sentirnos libres y reyes de nuestros pensamientos.
Ha estado genial.
Un beso guapa!!

Constantino Carenado dijo...

Que pesado es llevar una casa...
¿Cinco hijos?
¿Ropa desgastada por el uso?
¿Reina de mi propio reino?
Buenas ideas...muy visuales.
El ama de casa perfecta.
Tengo una lectura personal de tu texto de hoy:
Ella está contenta con su vida...
Me recuerda a mi madre preocupa por sus tres varones. No obstante la descripción no conhincide completamente. Pero me ha recordado a "mi vieja".
Además para mi madre lo más importante son sus hijos.
Aunque repita mucho en mis textos que no hay amor ;si hay uno auténtico que casi siempre se cumple:

El amor de madre.
Reina de su propio reino
Y amante de sus hijos.

En ocasiones la clave de la "felicidad" puede ser conformarse con lo bueno que tiene la vida de uno o una.
Es cuestión de nivel de exigencia en un entorno, ineludible e ienexcusable, de paz social.

Un beso húmedo y sin morbo.
"Acabo de besar la ropa del canasto".

Posdata: un comentario que no pretende ofenderte. Padeces de laísmo (creo que se llama asi) pero no me preocupa. No pertenezco a la real academía española ni nada por el estilo.
Cuando publiques puede ser que alguien te lo mencione.Por mi "me la suda". Soy de esos rebeldes que comente faltas de ortografía por mucho que lea o escriba. Aunque he mejorado con los años.
¡Expresate!
Soy de esos que piensan que el lenguaje escrito es para expresar mensajes con contundencia y fuerza.
¿Importa mucho que uno se salte ciertas "normas" de la lengua estudiada por los expertos?
Para mi es algo relativo mientras sean cambios moderados.
¿Cómo puede justificarse la evolución de una lengua si no es por el uso?
Sigue escribiendo. ¡Goza!
¡Se nota que te "pone" escribir!
Busca tus orgasmos interiores.

Anna dijo...

Cris... a que es maja?? jajajaja

Respecto a la foto... me he cansado de verme y me apetecía esconderme un poquito del mundo...

Besitos.

Kir... gritaaaaaa!!! que sienta que te cagas!!! y lo de las abuelas...pues porque nuestras abuelas eran más mayores que las tuya (creo). No sé... me dio por ahí XDD

Besos señá doctora!

marqus... azoteas, faros, pasos... todos necesitamos algo a lo que agarrarnos.

Besossss!

Pharpe... esa era la idea... dar a entender que si tienes suerte en poder elegir el tipo de vida que te gusta... sea del tipo que sea eres feliz. Muchas veces no hace falta tener el bolsillo a rebosar ni tener una flota de yates para tener lo que te hace feliz.

Besos!

Markos... de nada, a mandar que para eso estas!! XDDD.

Por cierto... que oscuro te has levantado, no?? Te prefiero sarcástico que se te da genial... aunque todos tenemos derecho a nuestra propia oscuridad.

Besos!

Belen... todas!! y quien ose a decir/pensar lo contrario que pase por elclubdelaschungas.blogspot.es :p

Besitos reina!

Machukitas... me alegro que este texto te haya traido buenos recuerdos... a veces en la penumbra es como mejor se piensa.

Besos!

Alejandro... al igual que eva siempre tienes buenas palabras... sois una magnifica familia! Gracias siempre a ti.

Besos!

Alberto... si es pesado sí... es el único oficio sin horarios, paga extra, vacaciones ni ná de ná... pero mi protagonista es feliz así, es lo que quiere y tiene, por ello es afortunada.

Mi ama de casa/madre/esposa no se a conformado con nada, es lo que la hace feliz. Conformarse con algo que no te llena no es felicidad, sino hipocresía. Yo personalmente prefiero cabrearme o entristecerme si es el caso, cuando algo no me "llena" e intentar conseguir mis objetivos que ponerme un velo ante los ojos y conformarme con lo que tengo. Hay que luchar hasta el final.

Y tienes razón... sufro de laísmo, al igual que pongo acentos dónde no es y pongo demasiados adjetivos... poco a poco iré enmendándolo. Y no, no me molesta que me digan mis errores, errar es de sabios y reconocerlos más... pero lo que si me puede molestar son las formas en que me lo dicen y tu lo has hecho estupéndamente :)

Besitos escritor!!!

Pd. Tranquilo, seguiré teniendo orgasmos literarios y físicos siempre que pueda!!! jajajajaja

Santi dijo...

Yo también me he recogido muchas veces en la azotea de mi casa (cuando vivía con mis padres). La llamábamos terrado (del catalán terrat). He tomado el sol, he leído, he escuchado música, he jugado con mis conejosd e indias y, sobre todo, he disfrutado de la paz de estar a solas con los ruidos de la calle. Luego todo aaba y te enfrentas a la realidad pero con fuerzas renovadas.

Es irremedable el pensar en mi madre y en esos momentos en los que canturreaba tendiendo la ropa en el "terrado". Qué dura tuvo que ser para ella la vida...

eva pardellas dijo...

hayyyy...qué bueno tener nuestro pequeño "escondite"...donde poder disfrutar un momento de nosotros mismos.....un post genial...echaba de menos estas lecturas....las clases me restan tiempo...pero os tengo presente...mil besos mi reina