30 de septiembre de 2009
Se aceptan peticiones
26 de septiembre de 2009
Y el mundo sigue girando...
Arráncame las alas que no puedo más,
pídele a mi alma que no pida más libertad,
susúrrale a mis oídos que no aguanto más,
dile a mi boca que deje de gritar.
¿Por qué no me dijiste que no me querías aquí?
¿Por qué me permitiste libertad si quién la deseaba no era yo?
Y mientras tanto el mundo sigue girando.
Y mientras su boca se me quedó corta.
Os imagino a los dos,
riéndoos de mí,
y yo mientras tanto creyendo castigándote,
enseñando todos mis recovecos a alguien que no tengo dentro.
No, yo no lo quería,
pero te ví,
y no, yo no me volví loca
hasta que te conocí.
Me quede enclaustrada en mi cama,
poniéndole tu cara a él,
mientras tú en tu cama a ella no se la cambiabas,
sino que además, la amabas.
Y mientras tanto el mundo sigue girando,
y yo sigo aquí clavada,
esperando a que el mundo deje de girar.
24 de septiembre de 2009
Mujer
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Soy dura pero con sentimientos.
Que tenga el corazón encadenado no significa que mis cadenas no duelan y que por ello me defienda con mi risa en vez de con mis lágrimas.
Que no me veas llorar no significa que no llore, que no veas maldecir no significa que no te odie.
El sarcasmo que llevo por bandera es mi escudo ante ti. Las miradas de rechazo que te dirijo no son más que mis experiencias vividas. Esas experiencias son las que me han enseñado que amando solo puedo dejarte ir… verte pasar huyendo de ti y lo que me harías si me dejase ver.
Aquella noche no fue solo sexo. Lo sé.
Mientras me contraía cabalgando sobre ti el orgasmo que me recorría no era solo placer. Cuando tu lengua y la mía se unían y nuestra saliva hacía de ron, el jarabe que me dabas para mis males no hacían más que perderme en un baile de excitación que me consumía y ardía… porque sabía que nada más terminar me tendría que deshacer de ti.
Tus manos intentaron romper las cadenas que sujetan mi corazón, pero la bestia negra que tengo dentro estaba preparada y solo te consumía sedienta de placer momentáneo. Porque ahora yo y solo yo mando, porque soy consciente de mi, de mi existencia y necesidades. Solo quiero tu cuerpo centrándome entre tus piernas y ahogándome entre ellas porque yo cabalgo de la misma manera en la que amo. Pero tu sólo sabrás lo que es conmigo cabalgar.
No quiero ser dueña ni prisionera. Yo tengo mis propias reglas en mi mundo particular. Si quieres las sigues y si no, me da igual. He aprendido a quererme yo primero y después yo quizás. Mi mundo es mío y como los castillos antaño sus pozos no son fáciles de pasar. Mi ironía y malicia anidan en ellos para no dejarte pasar ni a ti, ni a cualquier hombre que me lleve del brazo erguido exhibiendo un trofeo.
Una vez y dos y tres me cambiaron. Me hicieron ver que tras la niebla un faro me guiaba. Me hicieron creer que esa luz cegadora me guiaba y no hacía otra cosa que cegarme aun más. Pierdo siempre y creo que es hora de ganar. Que sea mujer y en vez de huevos tenga ovarios no significa que no me los toquen como a los demás.
Por fin he aprendido que con mis dos tetas puedo abrirme camino en vez de ser usadas como almohada. Por fin aprendí que mi corazón es mío y solo yo lo puedo usar para bombear la sangre suficiente y llegue a mi cerebro para apartarme de tipos como tu.
Y no soy ningún personaje de ciencia ficción tipo Ave Fénix, no. Soy una mujer real, nada de muñecas ni colores rosas. Y gracias a ti y tipos como tú, gracias a la expresión amar sin condición he aprendido a tener mis propias condiciones que escondía sin darme cuenta entre las sábanas de mi cama.
Representas lo que tanto he necesitado. Lo que por tanto di y nada recibí. Eres el icono de unas palabras sin sentido ni sentimientos que después de tenerme me mantienes en una estantería a la que le quitas el polvo algún día.
Dices que me quieres y te sustentas en mis lágrimas. Dices que me quieres porque sabes que me tienes atrapada.
Ya no lo dices porque sabes que no hace falta. Ya me tienes.
Así me querías y así me tienes. Castigándome a mí por lo que un día te sucedió, reaccionando ante mí como tal vez te hubiese gustado reaccionar en su día. Y yo tropiezo siempre en la misma piedra.
Satélite de sentimientos me han llegado a llamar. Tortura sin más. Así me defino. Visceral.
Esto es lo que hay, lo tomas o lo dejas. Si algo tenemos las mujeres es que dejamos las cosas claras cuando las queremos. Si tu no escuchas o pretendes hacerme creer que la complicada soy yo he de decirte que ya no soy una niña a la que con un ramo de flores y un par de poemas ya tienes te tiene metida en la cabeza. Ahora bájate la bragueta. Que mis manos empiezan a temblar de sentir que te excito más y más.
¿Hablar para qué? Hace tiempo que las palabras no funcionan, tu lo tienes todo muy claro y yo más claras aún. Como explicar algo a lo que no estás dispuesto a escuchar. Llevo diciéndotelo hace rato. Lo he explicado en tantas ocasiones que la saliva que gasté ahora la quiero recuperar en saciarme. Simplemente quiero aprovecharme de ti. Y date por afortunado… no sé si será por como manejas esas manos o como me excitas besándome con esa lengua mentirosa tuya. Pocos han logrado tenerme más de una noche.
Que te quede claro que yo te elegí a ti. No te sientas importante, no lo eres. Simplemente creí que a ti te debería menos explicaciones y en cualquier caso, el trofeo eres tú. Y yo la cazadora de sedientos hombres que algún día me recordarán no sólo como un polvo fácil, sino como la mujer que no se dejó amar.
Y ahora déjame que me tome un café bien cargado. Si quieres te quedas o te vas, yo aún tengo cuerpo para un polvo más.
23 de septiembre de 2009
Yo me libero!
22 de septiembre de 2009
Tipos de prostitución

21 de septiembre de 2009
Diamante en bruto

Jugaba con la piedra entre sus manos y la sonreía maravillado por su belleza. Nunca había visto un diamante en bruto tan bien formado, tan bien creado.
Enamorado de su belleza exterior y del brillo innato que salía de su interior el minero abrazaba aquella piedra alegrándose por su buena suerte, por tener por fin buena suerte.
Era la piedra que siempre había estado buscando. La que en sus sueños aparecía una y otra vez. Muchas otras veces confundió las piedras que llegaban a sus manos, creyendo ver en ellas lo que siempre ando buscando hasta que un día perdían el brillo que le hacía sonreír. Pero esta vez no sería así. Estaba dispuesto a no dejarse engañar por el brillo. No le pasaría como en un pasado en el que las piedras que hasta ahora había encontrado solo le habían arañado sus manos.
Apresurado corrió hacia su casa a lavarla. La pondría entre algodones y la cubriría con un pañuelo de seda. Contaría a todos sus amigos que él tenía la piedra más valiosa.
Al llegar a casa la lavó y vio lo que a él le parecía una pequeña imperfección. Sacó una lima del cajón y comenzó a pulir. Cada vez que la pasaba la lima la frotaba con esmero con la seda que la iba a cubrir.
Limaba y limaba y un pequeño polvo caía entre sus manos. Pequeñas virutas de color trasparente se perdían en la nada.
Cada vez que la miraba encontraba una nueva imperfección. La belleza que le enamoró ya no estaba. Quizás nunca se enamoró de ella sino que le pareció una buena inversión.
La piedra quieta no podía más que mirar la cara del minero, afanándose es esculpirla buscando lo que para él era la perfección. No entendía nada… hacía tan poco que era maravillosa a sus ojos, perfecta a lo que el soñaba.
Limaba y limaba. La ponía bajo el agua. Ya ni siquiera utilizaba los algodones para acomodarla. Solo la limaba.
Y tanto la limó que en mil trozos la convirtió. Aquel diamante en bruto que tanto esperó entre sus manos se deshizo bajo la pena de aquella piedra preguntándose en que se equivocó para que el minero no viera lo que era y no lo que podría ser.
Tanto ímpetu ponía el minero en embellecerla que no se dio cuenta de lo que sucedía hasta que con la lima rozo uno de sus dedos… fue entonces cuando se dio cuenta de lo que había hecho y lo que aquella piedra había sufrido hasta el último instante.
Aquel diamante en bruto, tan bello por fuera y maravilloso por dentro que le enamoró nada más verlo había sucumbido entre sus manos a su pasado. Aquella piedra perfecta intentando ser diseñada perdió todo aquello que le enamoró.
El diamante en bruto que esperaba a que su minero la encontrara desapareció sumida en la nostalgia de algo que por un momento disfruto.
15 de septiembre de 2009
La azotea de la vida

Subía de nuevo a la azotea a tender la ropa. Cada vez el cesto la pesaba más.
La gustaba subir a tender. La encantaba el aroma que desprendía la ropa limpia y húmeda.
Siempre empezaba con las prendas más grandes. Revolvía la ropa del cesto humedeciéndose las manos mientras buscaba la prenda premiada. Según la sacudía pequeñas gotas de esa fragancia anidaban en su cara dibujando una gran sonrisa en su cara.
En la cuerda de atrás colgaba las sábanas con tal cuidado que parecía que estuviesen cosidas con hilos de seda. Se afanaba en no dejar ninguna arruga, así la sería más fácil plancharla después.
Mientras tendía miraba por la azotea la ciudad. Edificios dispares se alzaban ante sus maravillados ojos que a pesar de ver el mismo espectáculo durante casi veinte años la seguían fascinando como el primer día. El ruido de cláxones y gentío apenas se oían a esa altura.
La mañana estaba revuelta. Tal vez debió tender dentro de casa pensó… pero entonces no habría tenido su momento de tranquilidad sin ruido en la televisión o sus hijos llamándola sin cesar para cualquier tontería. Que pesado y sacrificado es llevar una casa.
El viento soplaba más fuerte y lanzaba su pelo enmarañado sobre su cara. Su bata azul del rastrillo roída por cientos de lavados se alzaba rebelde sobre sus piernas rosadas y el frio se la metía por las zapatillas de estar por casa.
Se alejó de las cuerdas y observó su gran obra. Cinco cuerdas tendidas con la mayor de las precisiones, todo por tamaños y colores hacían un arco iris improvisado en la azotea del edificio más insignificante de la ciudad.
Como la gustaba aquella azotea repleta de tendederos con vidas propias y ajenas que la desvelaban la vida de sus vecinos “estaba claro que la vecina del quinto ya no pasaba sola las noches con esa ropa interior que ahora gastaba y desde luego el chaval del tercero tiene que tener a su madre frita con el dichoso futbol… pero de lo que sí que me alegro es que la pareja del séptimo por fin hayan logrado tener un niño… y que pena el abuelo del octavo que ya no está su mujer con él… no sé qué dirán de mí… seguramente pobre mujer con cinco hijos…”.
Antes de bajar al estruendo de su realidad se asomó por última vez. Dedicó una de sus mejores sonrisas a la nada mientras con sus manos se apartaba el pelo de la cara y gritaba “¡qué feliz soy siendo la reina de mi propio reino!”.
7 de septiembre de 2009
El circo de mis lágrimas
Desde la cocina asomada al resquicio de la ventana miraba hacia el infinito mientras sentía que la palabra soledad estaba escrita solo para ella.
Un cúmulo de sentimientos la rodeaba como esas fotos que hacen del aura. Uno tras otro la engullían y la hablaban de tal manera que no sabía a cuál de ellos obedecer.
Apoyada lloraba y reía. Viéndose a si misma reflejada en el cristal de la ventana se hacía juramentos una vez más.
Sus promesas… cuantas hechas y que pocas cumplidas. Ojala dependiera solo de ella. ¿Cómo mandar sobre algo que aunque depende de tu vida tiene la suya propia? ¿Cómo amarrar al caballo desbocado nacido para correr? ¿Cómo suprimir el dolor que la hacía surtir viva?
Acerco una silla y se sentó. Las piernas comenzaban a pesarla. Es lo malo de llorar con total desesperación, todo el cuerpo acompaña al vals de las lágrimas. Es un baile lento. Mientras el agua salada y cristalina escapa por mucho que cierres los ojos como si de las puertas de una presa se tratara, tu cintura se dobla y las manos abrazan el estómago mientras este da vuelcos del dolor heredado que emana el corazón. Tu boca se abre pidiendo auxilio en el mayor de los silencios y sientes pequeños espasmos que hacen parar el tiempo. Llorar… la gran liberación, la mayor de las esclavitudes.
Sentada, inclino su cabeza hacia delante y su melena calló haciendo de pañuelo.
Una lágrima se aferró a uno de sus cabellos y como el mejor de los funambulistas se afianzó a él, haciéndola participe de uno de los más bellos espectáculos. A través de esa lágrima se veía la poca luz que entraba por la ventana. La aurora boreal había llegado a su cocina para deleite de sus ojos hinchados y doloridos. Era un juego de luces asombroso en el que su pelo hacía de trapiezo y se contoneaba con tal gracia que aquella pequeña lágrima era la protagonista del mejor de los circos.
Dejo de llorar y la observó.
-¿Cómo puedes ser tan pequeña y causar tanto dolor?
La lágrima bajaba poco a poco recordándola en cada milímetro que recorría que la que mandaba era ella. Sin tener boca la decía que callara y la observara. Caía con lentitud perpetuando ese momento en el tiempo, grabándose en su retina maltratada por sus hermanas. Su forma de líneas suaves y redondas sensuales a la vista de cualquier hombre hacían que temblara de pavor. Estaba cautiva de aquella insignificante lágrima obedeciendo sus movimientos e intentando no moverse para que no callera y terminase aquel instante que por un momento la habían vuelto a recordar lo insustancial de su existencia incluso comparándola con aquella solemne lágrima.
Se enfureció al darse cuenta de la situación y la agarro sin piedad con la mano y la devoró. Se cercioró de que no quedara nada en su mano lamiendola con su lengua rosada.
- Mis lágrimas caerán mil veces más, pero podré decir que una de ellas no pudo conmigo.