27 de abril de 2009

Verde Esperanza - Capítulo II

Llevaba toda la mañana intentando localizar a su abuelo. Quería haber ido a verle hacía días, pero con los exámenes tan cercanos no sacaba tiempo.

Decidió que de esa tarde no pasaría y que iría a verle en cuanto terminara la última clase. Además, tenían que concretar a qué hora iba a ir a buscarle el sábado para ir a pescar.
Alrededor de las 3 por fin el martirio terminó. El profesor dio por terminada la clase de física. Cogió la mochila apresuradamente y salió corriendo por el pasillo, no quería perder el autobús de y cuarto.

Al llegar a la casa se fijó en que no estaba fuera sentado en su silla, con las piernas estiradas apoyadas en la barandilla vieja del porche fumándose uno de sus amados cigarros mirando hacia el cielo mientras hacía círculos con el humo… “que hombre… si es que es cierto eso de que los viejos son incambiables, yo no sé la de veces que se abre dicho de arreglar la valla”- pensó. Se acerco a la puerta y llamó varias veces. Nadie abría. Levantó su mano dirigiéndola hacía la parte superior del marco de la puerta, ahí siempre había una llave… efectivamente, ahí estaba.
Abrió y cerrando de un portazo subió rápidamente las escaleras, seguramente el abuelo estaría leyendo el periódico en la sala de arriba. Pero no estaba. “¿Abuelo?”.

Bajo las escaleras esta vez lentamente, mirando a través de los palos de madera de la barandilla y fijándose en las fotos que habían colgadas en la pared de enfrente… la de años que llevarían ahí.
Al bajar se dirigió a la cocina mientras le seguía llamando “¿Abuelo?”. Abrió la nevera y cogió un refresco “Por aquí huele a tabaco, debe estar en el comedor”.
Al entrar por el gran arco que separaba el comedor del pasillo vio a su abuelo recostado en la mecedora. Tenía la manta de la abuela encima de las rodillas y tenía cara de felicidad… “Vaya siestecita se está echando el yayo”- pensó.

Se acercó a él y le dio un beso en la frente. Subió un poco la manta para taparle el abdomen y fue entonces cuando vio en el suelo, un sobre color verde esperanza. Lo cogió lentamente para que su abuelo no despertara. “A mis niños” Leyó en la parte exterior.
Se apoyó en el escritorio de la esquina, abrió el sobre y comenzó a leer.

Las lágrimas corrían por sus mejillas desbocadas… el agua salada, cristalina, caía sin permiso en la carta que su abuelo había escrito enturbiando algunas de las palabras allí plasmadas… violando los sentimientos allí heredados.

Miró a su abuelo y con un grito de dolor arrugo la carta entre sus manos queriendo fundirla con su alma para que esa carta desapareciera en la nada. Se arrodillo clavando sus rodillas en el suelo con tal fuerza que el suelo tembló y dejó caer la mochila que aún llevaba colgada de sus hombros. “¿Por qué abuelo? ¿Por qué?” balbuceaba mientras su cara corrompida por los sentimientos dejaba que su boca se abriera de manera inhumana guiada por las ansias de llorar y maldecir a ese viejo que yacía muerto en la mecedora.

Apoyó su cabeza en las rodillas aún calientes de su abuelo mientras la carta aún la tenía entre las manos. La miro y miro a su abuelo, haciendo movimientos negativos con su joven e inexperta cabeza sin entender porque su abuelo había hecho aquello.
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Habían pasado dos días desde que encontró a su abuelo. En esos dos días se manejó en el mundo como un zombi que hace sin saber de dónde le salen las fuerzas… viviendo el día a día sin remedio pues su cuerpo es lo que le pedía.

Llovía y hacía frio. Estaba en el cementerio. Hoy era el entierro.

Abrieron el nicho donde su abuela estaba. Habían pasado tantos años desde su muerte que el ataúd donde ella yacía era un puñado de madera vieja y astillas que envolvían un montón de huesos. Los enterradores, cogieron los restos de su abuela, incluidos los del ataúd viejo y los metieron en una bolsa de plástico. Nunca había estado en un entierro en el que metían unos restos dentro de un reciente ataúd. No pudo más que mirar hacia otro lado y seguir llorando a la vez que maldecía.

Las palabras que su abuelo les dedicó en sus últimos momentos no hacían más que venírsele a la cabeza una y otra vez “no logro dormir por las noches ni vivir los días porque la falta que ella me hace es aún más importante que el aire que respiro”.

No pudo más y echó a correr por los caminos custodiados por cipreses centenarios mientras que el único sonido que oía era su propio llanto. Por fin paró agotado y se sentó en un banco de piedra blanco mojado por la lluvia que aún caía. Miro al frente y descubrió la vista que tenía de cientos, miles de nichos tan bien ordenados que daban escalofríos no por el hecho de lo que en ellos se guardaba sino lo que el que estuvieran allí entrañaba.

Dejó de llover y una pequeña brisa comenzó a bailar con los cipreses oyéndose un sonido tranquilizante… conmovedor. Era como si aquellos sabios centenarios empapados de tantos sentimientos diferentes le cantaran una nana para que se calmara. Descolgó su mochila de la espalda (no sabía porque pero siempre la llevaba consigo), rebusco y encontró el cuaderno de matemáticas. Cogió el estuche, saco un lápiz color rojo y comenzó a escribir.

“No sé si te odio o te quiero aún más por lo que hiciste. Que me hayas privado de ti, de tu sonrisa, de tus historias únicas que nunca me aburría de escuchar hace que en mí crezca un sentimiento de odio que jamás había sentido antes.

Sé que has hecho tu voluntad. Pero también sé que con tu partida has logrado que odie a todo lo que para mí representabas. Me siento engañado, estafado por ti y por el amor que decías me tenías.

Durante estos dos días, no he logrado dormir ni comer intentando comprender el porqué de tu marcha y de cómo lo has hecho.

Cada vez que recuerdo cuando entre en el salón y creía que dormías plácidamente mientras te besaba la frente y subía la manta de tus rodillas para que no pasaras frío… cuando ya lo estabas. Cuando pienso en ese sobre y todo lo que allí contabas, me invade un sentimiento de rabia y por el contrario… de orgullo.

No te creo cobarde abuelo, no te vayas con esa pena. Sé certeramente que eres valiente, muy valiente por todo a lo que has renunciado sabiendo además que nos hacías daño por alcanzar aquello que te hacía falta. Ve… vayas donde vayas con la cabeza bien alta. Siéntete orgulloso de tu paso por el camino de esta vida sabiendo que tú has logrado elegir tu destino. Eres muy afortunado.

Perdóname que te haya maldecido y odiado… perdóname abuelo, pero comprende que con dieciséis años que tengo hay cosas que se escapan a mi razón y yo solo pensaba en mí, al saber que no iba a poder ir contigo nunca más de pesca, que jamás volvería a escuchar una de tus historias de la guerra ni de cómo conociste a la abuela.

Tengo que darte las gracias, porque incluso en tu partida me has dado una gran lección. Ahora sé que he sido no solo afortunado de haberte conocido, sino de que hubieses sido mi abuelo y que con tu último suspiro me enseñaras que la vida no es solo vivirla si no saber hacerlo y tú abuelo, una vez más, me has demostrado que el amor sigue más allá de la muerte y que aunque no te vuelva a ver, las marcas que has dejado en mi alma harán que siempre vivas en mí.

Te envidio, por como amabas… por haber encontrado un amor tan puro que ni la muerte ha sido capaz de arrebatarte de las manos, porque aunque yazcas en un ataúd de madera en el nombre del amor, inerte a lo que conocemos como vida, tengo la certeza y seguridad de que has logrado lo que pretendías y es la felicidad, la dicha de lo que buscabas aunque el camino haya sido costoso y doloroso… porque sé que las sonrisas que nos regalabas, los besos y abrazos en los años, eran una despedida anunciada de lo que solo tú sabías iba a suceder.
Recuerdo entre lágrimas de alegría abuelo, te lo prometo. Pero ten en cuenta que en más de una ocasión… de mil ocasiones tal vez te vuelva a odiar aunque solo sea por un segundo… te odiaré inconsciente de mi conciencia pero reaccionaré sabiendo que eres feliz.

Imagino lo difícil que ha debido ser para ti esta decisión. Imagino lo costosa que debió ser sabiendo lo que dejabas… sabiendo que no te comprenderíamos. Mis padres no entienden. Los tíos no comprenden y mis primos… solo lloran. Pero sé que un día lo comprenderán. Sé que un día miraran tu foto y dirán “ese es mi padre… mi abuelo… y tuvo el coraje de seguir sus sueños más allá de la muerte".

Te amo abuelo, incluso más que hace unos días… por la falta que ahora sé que me haces… por el orgullo que siento cuando dicen que me parezco a ti… por saber que gracias a ti, soy como tu”.

Miró por un momento lo que había escrito. Arrancó la hoja del cuaderno, la doblo en varias partes y la mantuvo entre sus manos mientras contemplaba el desolador paisaje.

Se levantó tirando al suelo el cuaderno y lápiz que en sus rodillas reposaban y corrió de nuevo por los caminos del cementerio buscando algún llanto que le indicara dónde se encontraba su abuelo.

Corrió y corrió dejando esquinas de nichos y panteones a sus espaldas, hasta que de repente paró y descubrió que había llegado a donde nunca debía haberse marchado.

No quedaba nadie.
Coronas y ramos de flores con cintas escritas con palabras absurdas por evidentes tapaban donde había sido enterrado su abuelo.

Aún tenía la hoja de papel arrugada en sus manos. La miró y miró el jardín de flores destinadas a morir. Alargó uno de sus brazos y colocó el papel corrompido por los sentimientos debajo de uno de los jarrones que suspendía del lateral del nicho.

“Abuelo, gracias por enseñarme lo que es vivir la vida”.

15 comentarios:

Fer dijo...

Verde esperanza II no... Cabrona II, porque lo has vuelto a conseguir, otra vez llorando, joer.

Entonces éste es el segundo capítulo del libro? No puedo esperar a tener el tercero entre mis ojos para poder devorarlo.

Besitos superescritora!!!

Annick dijo...

Verdaderamente a la altura de los mejores .

Un abrazo cariñoso.

Cris dijo...

Al principio, cuando sabía que iba a llegar y encontrar a su abuelo así... has conseguido hacer un nudo en la garganta.

Creo que lo hizo bien: es normal sentir rabia al principio, y es bueno aceptar las circunstancias, reconocer lo bueno y perdonar.

Besos!

Francisco Galván dijo...

muy bonita y sentida historia, Anna. Sabes conjugar el desgarro con la esperanza o quizzá sea positivismo. No sé. Solo me pergunto una cosa: ¿Por qué es un chico y no una chica?

Anna dijo...

Fer... serás el primero :p y calla tonnnto que me sonrojo!!!

Besitos.

Annick... ufff! Eso es mucho para mi... mil gracias.

Besos y abrazos.

Cris... lo pillaste a la primera :)

Besitos, besazos, de tó!

Francisco... gracias :) viniendo de tí es mucho.

Pues... por varias razones... la primera porque parece que los hombres (como decía en un post) tienen vetado sentir, desgarrarse y llorar... sentir en ellos mismos eso que llaman femeneidad cuando yo pienso que en los sentimientos no hay "tipos de sexo". También... porque siempre que he escrito sobre una mujer se piensa que soy yo... o que he podido vivir esa situación... lejos de la realidad.

besos lectores.

Estheruka dijo...

pues me he quedado a la mitad. LLoré tanto con el primero (so cabrona, Fer cada día me caes mejor) que hoy cuando he empezado me he hecho la fuerte "no voy a llorar", ja, ja, así que cuando me han empezado a escocer los ojos... he seguido... y he parado. Jo Anna, que es muy triste y muy bonito.... prometo que lo acabaré...pero cuando esté sola y sé que no va a venir nadie. No es que me avergüence de llorar, es que no me apetece dar explicaciones a estos engendros que tengo por aquí.
Besitos cabrona, digo guapa.
Esther.

AntWaters Daza dijo...

Ni gota para las flowers, de verdad que no :) :)

Ohhh, creas muy bien el clima, y cuando ya uno sabe adonde va... ohhh...

Hummm, me has hecho recordar porque las humedades de los ojos yo los tengo para atrapar presas... que en casa de una amiga hace años, cuando mi abuela andaba medio mal, el corazón muy grande para su pecho, nos contaba: "yo le tengo dicho a Aridna, que todos nos tenemos que morir, que la abuela es mayor y si un día llega a casa y la encuentra en el suelo, no se asuste, llame a la ambulancia y no hay que temer a los muertos", sííps, a los vivos...

Por otro lado, creo que el duelo es importante... trastornar la vida que llevabas mas que sea para reflejar que no todo da igual... que no sigues con tu vida como si tal cosa... no porque no puedas o tonterías de esas... sino por... transición...

Ohhh, besos de te tengo que dejar por el carcelero

Anna dijo...

Estheruka... a ti lo que te pasa es que los elefantes te estan esperando y ya no puedes con la vida XDDD.

Pásalo bien, disfrut ae intenta olvidar aunque solo sea por unos días, te lo mereces.

Besos con trompa (dios que mal suena).

Ant... si he de recordar... recuerdo a mis abuelos maternos, en especial a mi "bolita". Han pasado 16 años desde su muerte y aún la echo de menos... aún me hace falta.

y no te quejes... que te encanta la carcel de diseño que tienes :p

Besos con arrumacos.

Markos dijo...

Pues leyendo los comentarios, con los que estoy totalmente de acuerdo, tengo que resumir lo que me has transmitido con un solemne: Cabrona!

No sé lo que será, pero voy a lavarme la cara que parezco una plañidera.

Besos

Santi dijo...

Hola Anna, llevo trampeando toda la sobremesa (estoy currando) para poderme leer las 2 partes. Me ha gustado mucho. No sé dónde me pusiste que tenías que pulir no sé qué. ¿Qué es lo que tienes que pulir? Ya me gustaría contar historias como tú.

A mí me has teletransportado a la historia y, por supuesto, me has hecho recordar a mis 2 abuelos a quienes conozco a través de lo que me han contado mis padres (pues mis abuelas no me hablaron nunca de ellos).

Un beso

marqus dijo...

Muy tierno pero yo no sé hasta cuándo voy a poder seguir leyendo sobre los abuelos, que recientemente perdí una de mis abuelas (la paterna; el paterno y los maternos siguen aquí y ojalá que por mucho tiempo) y ando un poco sensible con el tema.

Besos!

Anna dijo...

Markos... plañidera y nudista... hmmmm jajajajajaja

Besos!

Anna dijo...

Santi... gracias :) pero si he de pulir, creéme... utilizo demasiados adjetivos, me enrrollo demasiado describiendo las cosas... y la ortografía!! Que desastres...

Muackis, muackis!!

Anna dijo...

marqus... prometo que el próximo capitulo no será tan triste... aunque yo sigo viendo ambos repletos de alegría :p.

MUUUAA!

Constantino Carenado dijo...

Impresionante lectura ,pero...
¿Que hay de orgulloso en un suicidio por amor?
Me considero un romántico pero despues de leer estos dos capítulos me superas.
Veo como sientes cada palabra que escribes implicando a la nieta de 16 años en la "comprensión" del suicidio de su abuelo... Pero aqui no me siento en linea o en fase.
¿Felicidad en el suicidio?
Para estar otra vez con su amada...

Para mi el amor es pasional y biológico ; lo demás es obsesión.Quizás no esté construido para tener un solo amor...
Si entiendo el romanticismo pero es algo mental,no es algo real.
La pasión tiene mucho de biología y procreación. La naturaleza posee una ingenieria tan perfecta que las historias sobre el "vinilo" las ponemos nosotros con nuestra imaginación; pero el "vinilo" (o soporte) lo pone la madre naturaleza y su leyes naturales como la perpetuación de las especies...Eso es lo que hay.

Fuera parte de estas paranoias mias sobre el amor de pareja...
Recuerdo a mi abuelo Ernesto,últimamente estoy hablando mucho de él, que falleció a los seis meses de irse mi abuela Ernesta...Todas las noches lloraba y expresaba esta frase varias veces:
-¡Ay! Mi compañera. ¿Por que te has ido?. Mi compañera.

Y lo repetía unas cuantas veces antes de dormirse ,o entrar en el insomnio silencioso para que durmiesemos nosotros.

Es muy triste...
¿Que va a pasar ahora?
¿Que va a hacer la nieta de 16 años?
No me asustes, que me temo lo peor...
Mañana seguiré, es tarde y yo no padezco insomnio.

Un beso...hufff...tengo el estómago al reves.
Los dos somos sensible pero tu eres más ...intimista...humana...delicada...
Huff... me estoy poniendo...me voy.

Buenas noches.