
Este fin de semana conocí al abuelo de Pepe... un gran señor que me calo muy dentro.
No sé la edad que tiene exactamente, pero es la típica persona mayor en la que notas por sus arrugas, por su mirada limpia, por esas manos gastadas por los años que sabe de que habla.
Cada vez que hablada, daba igual el tema, el sin quererlo captaba toda mi atención... dijera lo que dijera me parecía interesante y sabio. No podía perderme ni una sola de sus palabras, ni un sólo comentario, ni siquiera un gesto o una mirada... estaba atenta a él todo el rato.
No he tenido la suerte de que mis abuelos hayan vivido muchos años y el que si lo ha hecho, por desgracia lo tenía muy lejos así que toda esa cultura social que un abuelo te puede inculcar, sobre el pasado histórico, vivencias... no las he tenido.
Cada vez que le escuchaba hablar, mi cabeza me repetía una y otra vez que una parte esencial de nuestra memoria histórica iba a perderse con todos esos abuelos y que era una pena que muchos nietos o hijos no les escuchen atentamente y se empapen de todas esas experiencias únicas que te enseñan a sobrevivir en esta puta vida. Tal vez, sea que yo lo veo por que no los tengo a mi lado, seguramente si los tuviese sería otra persona la que me estaría dando la charla sobre este tema.
Lo que daría por tener un abuelo como el tuyo Pepe, que además de expresar sin miedos ni tapujos y con una claridad de mente extravagante de lo nítida que es, escuche atentamente, por que aunque te saque más de media vida, le parece interesante todo lo que dices... sabe que es un punto de vista más joven y diferente del que, aunque parezca mentira, sabe que aún puede aprender mucho.
Me gustaría un día, sentarme con él y que me cuente, lo que quiera... con un par de copas (el su coñac y yo mi four roses)... y escucharle... aprender, cultivarme... tener la gran suerte de saber por las vivencias reales de un gran sabio para el día de mañana poder hacer yo lo mismo con mis hijos y mis nietos y que ese gran legado no desaparezca en la nada.
Abuelita... como me acuerdo de ti... y de cuando estabas enferma, que me decías que tenías que contarme muchas cosas y yo por mi juventud estúpida me perdí.