30 de enero de 2009

A veces el corazón tiene demasiada sed





A veces el corazón tiene demasiada sed.
Mi corazón siempre esta sediento.
Nunca me es suficiente.
No porque exija demasiado, sino que mendigo lo que
doy


A raíz de un post que he visto (y recomiendo), se ha creado un pequeño debate (por llamarlo así) sobre el amor y amar.

Puedo hablar de mi "manera de amar", no soy apta ni yo ni nadie para hablar sobre como aman los demás. Soy apasionada e irracional. Pienso más con el corazón que con el cerebro y eso amigos míos, no es bueno.

Cuando se ama desde el corazón, cuando son tus latidos lo que mueven ese afán por amar... cuando el corazón no se mueve por llevar tu vida sino por lograr que esos latidos los oiga esa persona... aunque no quieras, sin darte cuenta ya no eres tu propia dueña. Has dejado que el corazón mande sobre el cerebro y ahora vas como un pequeño barco a la deriva, hondeando la costa pero sin brújula y una pequeña ola puede llevarte a naufragar.

Yo amo así, sin medida y no lo puedo ni se si quiero evitar. Si lo hiciese, no sería yo.

Pero esa manera de amar a veces ciega, porque no todos amamos igual lo que no quiere decir que se ame menos.

Y ahí esta lo difícil... que las personas como yo, las personas tan sedientas aprendamos a calmar nuestra sed con el propio agua que nosotros damos. Aprender a guardar para qué cuando la sed nos rompa por dentro tengamos esas pocas gotas que nos hacen falta para no morir de sed y aguantar hasta el próximo desierto.

Queremos que nos den lo que damos, porque lo que otorgamos es lo que necesitamos recibir. Es una manera de gritar en silencio lo necesitados que estamos por amar y ser amados. Las personas como yo, somos mendigos con una mansión... Pero no somos egoistas, sé que quién da no tiene derecho a pedir, pero no hablo de algo material, hablo de sentimientos, de mí. Y todo el mundo, todos necesitamos.

Las personas fuertes, las personas autosuficientes... son personas con escudos creados por ellos mismos para que no nos dañen. Ellos si han sabido guardar unas gotitas de agua para su sed personal, para cuando parece que caén en público sacar su pequeña botella mágica y aguantar. Pero cuando estamos a solas... son nuestras lágrimas las que guardamos para cuando ese momento vuelva a llegar.

Amamos con tanta pasión que no nos damos cuenta que a quién amamos nos ama con toda su alma por cómo los amamos, solo que al tener una manera diferente de amar (no porque ame menos que tú) es incapaz de llegar a lo que llegas, aunque este sintiendo lo mismo que tú.


Cuando un corazón se ahoga,
y el alma no tiene
fuerzas para aliviar,
cuando una piel enferma,
y no me sirven tus palabras...
prométeme que cuando me vuelva a levantar,
seras tú
quien me ayude a brindar,tus manos las que me sujeten,tu agua la que me alimente,
por ti, por mí,
por nuestra libertad


Que sentimiento más voraz y agradable a la par, verdad? Qué seríamos sin esas ansias, sin esa melancolía si luego no se pudiesen parar.

La sensación de sed, no sería igual sin ese vaso de agua fresca. Y que triste la vida del agua ni no tuviese que mitigar la sed.

29 de enero de 2009

Escucha a tu oído


Beethoven - Claro de luna - 1ª Movmiento - Daniel Barenboim


A veces las melodías hechizan.
Una simple caricia en un teclado, unas notas musicales que envuelven, el corazón se excita y es cuando te das cuenta que cosas tan sencillas como esta... agudizando un poco uno de tus sentidos, qué el hombre a veces hace cosas maravillosas e irrepetibles.
Según escuchas... se cierran los párpados, para que así tu oído no pierda ninguna de esas notas que te abrazan y puedas disfrutarlas. La sensación de tristeza es apabullante. Notas como el creador de esta delicia se sentía en ese momento, parece como si en este caso Beethoven la hubiese compuesto para ti.
No hay nada tan difícil como saber expresar lo que sentimos. Sabemos como estamos por dentro, pero a veces, la sensación es tan fuerte que nos es imposible explicarnos... pero escuchamos una melodía y esta nos comprende. Explica de una manera sencilla lo complejo de nuestros sentimientos. Nos libera. Nos refuerza. Hay bellas composiciones que ayudan a derrotarte. Es increíble que un solo instrumento sea capaz de hundirnos.
Riverdance - Reel Around the Sun
Es inconcebible como dependiendo de qué oigas, tu corazón, cuerpo y mente reacciona. Somos una auténtica caja de sorpresas.
Ahora tu corazón se acelera poco a poco. Sientes que, sin poder evitarlo, tu cuerpo se mueve y tu ánimo cambia. Sin darte cuenta, tu mente se abraza a la canción y todo se olvida. Simplemente no piensas, sólo escuchas y te aceleras. La música recorre tus venas, entra por tus oídos y sin pedir permiso roba tus pensamientos, dándote un respiro. Es un huracán de aire fresco.
Las personas somos sentimiento. Nos movemos por ellos y hacia ellos. Somos mucho más sensibles y frágiles de lo que parecemos y nos creemos.
Ambas piezas, a mi parecer son grandes creaciones musicales. Ambas, hacen sentir cosas muy diferentes pero esenciales en nuestra existencia. Ambas no son nada sin la otra. Qué es la tristeza sin la alegría? La agonía sin la tranquilidad? Qué es la locura sin la cordura? La música sin oídos?
Beethoven en esta pieza, nos ha llevado a un estado casi hinóptico. Fuese cuál fuese nuestro estado de ánimo sin quererlo nos hemos tranquilizado o entristecido. Riverdance nos ha transportado a un lugar lejano de nuestra conciencia intranquila por los problemas.
Aún así, no puedo elegir entre ninguna de las dos, porque sin la primera, tal vez no habría sabido apreciar la segunda y sin la segunda, seguramente, no me habría hecho falta la primera.
Si sólo con el oído sentimos todo esto, imagina lo que sería apreciar y disfrutar plenamente de los cinco sentidos que poseemos.