Con los últimos escándalos políticos, religiosos, judiciales y la crisis que llevamos a la espaldas últimamente no es que este asustada, digamos que me quedo en acojonada.

Mi abuelo siempre decía que la política es la “polimentación de la crítica”. Polimentación no es una palabra que exista en el diccionario, pero vamos, creo que con lo de crítica se explica. Y en eso nos hemos quedado, en criticar, criticar y criticar pero no hacer absolutamente nada.
Yo soy una ciudadana del montón, y por lo tanto la política de la que sé es la de “a pié”, es decir, la que me afecta directamente y de la que me informo leyendo todo lo que puedo en diferentes medios para intentar hacerme una idea lo más real posible. Soy apolítica completamente, no creo en derechas, izquierdas ni centros porque de todos hay cosas que comparto y otras que no. ¿Eso como me define? Creo que nadie está en el poder absoluto de la verdad.
Si me refiero a la derecha (a grandes rasgos) diré para “polimentalizar la crítica” que el caso Gürtel es una auténtica vergüenza, eso es incuestionable y espero que caigan en la cárcel todos aquellos que allí deben estar, como sucedió con el caso FILESA (del que parece todos nos hemos olvidado). Que Rajoi como líder del PP me parece un político de segunda sin personalidad y que la política social de este partido es una auténtica bazofia. Pero también diré que económicamente siempre han estado muy por encima de la izquierda y que han sabido ser mejores embajadores a pesar de hablar muchas veces sin pensar.
Si hablo de la izquierda diré que no saben afrontar la crisis económica actual. Se les queda muy grande y seguramente a la derecha le pasaría igual si fuesen los que estuviesen en el poder, pero no es el caso, está la izquierda, por lo tanto el marrón es de ellos y deben solucionarlo ellos. Que ZP me parece otro político de segunda sin personalidad y que su política económica no vale para nada. Pero también diré que tienen una política social muy buena, aunque con lo de prohibir los cuentos tipo cenicienta se están pasando tres pueblos.
Lo que no se puede hacer (y hablo tanto de izquierdas como de derechas) es defender lo indefendible. Que a mí personalmente lo que me interesa es una política limpia en todos sus aspectos. Una política sana que ayude a mi país tanto económica como socialmente.
Lo que no entiendo es que por ser de derechas uno no pueda ser ateo, homosexual o republicano. Lo que no entiendo es que por ser de izquierdas uno no pueda ser empresario, católico o monárquico. Lo que no entiendo es que por ser de derechas automáticamente ya eres franquista, homófobo o taurino. Lo que no entiendo es que por ser de izquierdas se sea un intransigente, fanático o corrupto. Si esto realmente tuviese que ser así nos estaríamos embalsamando en los estereotipos de los que todos tantos huimos. Ya somos mayorcitos como para jugar al “quién es quién” y lo que hay que hacer es llamar a las cosas por su nombre, que ya está bien.
Se supone que vivimos en una democracia y digo se supone porque la democracia cada vez la veo más plasmada en papel y menos respirándose en el aire. Que lo que hay que hacer en sentarnos y pensar que no tenemos la única verdad en nuestras manos y la mejor manera de solucionar los problemas no es atacándose sino llegando a un acuerdo en el que los ideales políticos se han quedado obsoletos a la realidad.
No todo es blanco o negro y aunque el gris muchas veces avecina tormenta no hay nada que limpie más que el agua.