7 de septiembre de 2009

El circo de mis lágrimas

Desde la cocina asomada al resquicio de la ventana miraba hacia el infinito mientras sentía que la palabra soledad estaba escrita solo para ella.

Un cúmulo de sentimientos la rodeaba como esas fotos que hacen del aura. Uno tras otro la engullían y la hablaban de tal manera que no sabía a cuál de ellos obedecer.

Apoyada lloraba y reía. Viéndose a si misma reflejada en el cristal de la ventana se hacía juramentos una vez más.

Sus promesas… cuantas hechas y que pocas cumplidas. Ojala dependiera solo de ella. ¿Cómo mandar sobre algo que aunque depende de tu vida tiene la suya propia? ¿Cómo amarrar al caballo desbocado nacido para correr? ¿Cómo suprimir el dolor que la hacía surtir viva?

Acerco una silla y se sentó. Las piernas comenzaban a pesarla. Es lo malo de llorar con total desesperación, todo el cuerpo acompaña al vals de las lágrimas. Es un baile lento. Mientras el agua salada y cristalina escapa por mucho que cierres los ojos como si de las puertas de una presa se tratara, tu cintura se dobla y las manos abrazan el estómago mientras este da vuelcos del dolor heredado que emana el corazón. Tu boca se abre pidiendo auxilio en el mayor de los silencios y sientes pequeños espasmos que hacen parar el tiempo. Llorar… la gran liberación, la mayor de las esclavitudes.

Sentada, inclino su cabeza hacia delante y su melena calló haciendo de pañuelo.

Una lágrima se aferró a uno de sus cabellos y como el mejor de los funambulistas se afianzó a él, haciéndola participe de uno de los más bellos espectáculos. A través de esa lágrima se veía la poca luz que entraba por la ventana. La aurora boreal había llegado a su cocina para deleite de sus ojos hinchados y doloridos. Era un juego de luces asombroso en el que su pelo hacía de trapiezo y se contoneaba con tal gracia que aquella pequeña lágrima era la protagonista del mejor de los circos.

Dejo de llorar y la observó.

-¿Cómo puedes ser tan pequeña y causar tanto dolor?

La lágrima bajaba poco a poco recordándola en cada milímetro que recorría que la que mandaba era ella. Sin tener boca la decía que callara y la observara. Caía con lentitud perpetuando ese momento en el tiempo, grabándose en su retina maltratada por sus hermanas. Su forma de líneas suaves y redondas sensuales a la vista de cualquier hombre hacían que temblara de pavor. Estaba cautiva de aquella insignificante lágrima obedeciendo sus movimientos e intentando no moverse para que no callera y terminase aquel instante que por un momento la habían vuelto a recordar lo insustancial de su existencia incluso comparándola con aquella solemne lágrima.

Se enfureció al darse cuenta de la situación y la agarro sin piedad con la mano y la devoró. Se cercioró de que no quedara nada en su mano lamiendola con su lengua rosada.

- Mis lágrimas caerán mil veces más, pero podré decir que una de ellas no pudo conmigo.

3 de septiembre de 2009

El Club de las Tías Chungas


Me han ofrecido participar en El Club de las Tías Chungas. Un nuevo blog regentado por mi queridísima Cris y Jezabel (no es que no sea queridísima ella también pero aún no tengo la confianza como para ello).

Este nuevo blog yo lo veo como una liberación femenina, así como suena. En él habrán chungas y makarrillas sin pelos en la lengua ni coartadas por esta sociedad mía que siempre hace que nosotras las mujeres en especial nos callemos muchas cosas porque eso "queda mal" o "no es femenino". Pues hasta aquí hemos llegado.

Bien pues para participar en este blog parece ser que hay que ser algo makarrilla y yo dentro de mi gran ignorancia y sin saber porque han querido contar conmigo me he hecho un pequeño autoanálisis porque me muero por tener el carnet del club.

"Me dicen chunga y makarra, no sé porque será.

Tengo un tatto que ni dios se entera de que es. Lo han llamado pulpo, planta volcá, manubrio de algo y no sé qué más. Y digo yo que no es tan difícil ver, observar que es una maldita llama y como es mi tatto es la rehostia. Y no pienso quitármelo jamás aunque llegue el punto de que mi piel pase a ser una pasa arrugada. Seguirá siendo mi tatto.

Tenía un piercing en la nariz, que no me lo quitaba para nada. De echo el día que di a luz al entrar en el quirófano un enfermero muy agradable me “pidió” que me lo quitara a lo que le dije que no. Él con la misma amabilidad se dirigió a quitármelo (este tío parece que no se entera de lo que es una parturienta).

Le agarré la mano y le dije muy tranquilamente mientras la vena de la frente dibujaba sinuosamente que me iba a levantar y darle dos hostias “mira, estoy de parto y en pelotas pero como me toques te estampo”. El piercing siguió ahí durante un par de años más, hasta que mi queridísimo hijo decidió pensar que era un moco que había que quitárselo a su mama en plan misión imposible. No es por nada chicos, pero al final casi siempre andáis tocando los huevos… padres, hijos y espíritu santo.

Me encantan los escotes. Mi madre siempre “hija se te ven las tetas” ¡Coño!, para algo que no tengo que operarme, pues déjalas que se aireen no vayan que se pudran.

Soy heavyrokeramencantanlosberridos. Así, como suena. Mis amiguitas del cole con los Black strip boys esos (que no sé ni cómo se escribe) y yo con mi cuarto lleno de calaveras y adorando a Meat Loaf, Guns´n´roses y demás melenudos que me han ido llevando por el gran camino del Metal.

No soporto a los tíos que van de guay, en plan “nena, ¿estás sola? ¿Quieres algo?” Sí que te pierdas. Que te miran baboseando en plan caracol repudiado por la sociedad.

Cuando conduzco me transformo en un camionero que pare que lleva algo tóxico en la parte de atrás. Si te acercas más de lo debido ya estoy en plan boxer ladrando y cegándome en todo.

Y me gusta el sexo. Me encanta. Que por ser mujer no tengo menos apetito sexual. Que ya se pasó de moda (gracias a dios) eso de me espatarro y sanseacabó. No señores, NO. Que a nosotras también nos gusta y nos pica ahí abajo igual que a vosotros.

Y que sí, soy madre ¿y? Que parece que más que un honor es un cirio lo que he parido. “No digas eso mujer que eres madre”, “contente que si no tu hijo que dirá”. Pues mira… dirá que su madre es su madre y que es como es y que por ser algo chunga o makarrilla o mejor dicho TENER LAS COSAS CLARAS una no tiene porque callarse o hacer lo que otros creen que deben hacer. Y punto".
Creo que comienzo a saber porque eso de que soy makarrilla, y oyes... ¡que me gusta!"